domingo, 16 de junio de 2013

CAPITAL SOLAR ¿que es? ¿Has agotado ya tu capital solar?

Ahora que parece que por fin ha llegado el tiempo veraniego, sin pasar por la primavera, debemos extremar las precauciones frente al sol. Y es que el sol es bueno para algunos problemas pero malísimo para la piel, ya que provoca su envejecimiento prematuro. El 80% de los signos visibles del envejecimiento cutáneo se debe a la exposición solar. Así, conviene tomar conciencia y usar crema protectora a diario.

Es importante saberlo, porque de este sistema defensivo depende, en gran medida, el estado del ADN de tus células y tu grado de fotoenvejecimiento.



Esta expresión, capital solar, se ha puesto muy de moda últimamente, y no es otra cosa que un mecanismo de defensa que tiene la piel para protegerse de las agresiones del sol. Es decir, cada persona posee un sistema de protección que permite reparar los daños provocados por la exposición solar. Cuando este sistema defensivo se pone en marcha, la piel consume melanina, queratina, vitaminas... que el propio cuerpo va reponiendo según se gastan, pero llega un día en que esas reservas se agotan y perdemos la capacidad de protegernos del sol.
Julián Sánchez Conejo-Mir, presidente de la Academia española de Dermatología (AEDV) y jefe de dermatología del Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla, explica claramente en qué consiste: “La piel es como una hucha llena de monedas, y cada moneda es una hora de exposición solar. Cada persona cuando nace tiene asignadas unas monedas, y la cantidad es mayor o menor en función del fototipo de piel. A lo largo de la vida las vamos gastando, así que el estado de nuestra piel depende de lo bien que las administremos”.
Dos personas de la misma edad y características físicas pueden tener diferente capital solar, si una ha tomado el sol sin protección en su infancia y ha padecido quemaduras solares y la otra no.




¿Cómo sabes que se está terminando?

La piel no es como un teléfono móvil de prepago que te avisa cuando “tu saldo está próximo a agotarse”, pero sí nos envía señales que podemos interpretar para esmerarnos en el ahorro de esas monedas solares que nos quedan. “El sol envejece la piel, independientemente de la edad de la persona. El colágeno se pierde y tenemos la epidermis menos elástica, comienzan a aparecer pequeñas manchas, arrugas prematuras... O sea, el cuerpo nos avisa de que nos estamos cargando la dermis (capa profunda de la piel por debajo de la epidermis y sobre la hipodermis) por una excesiva exposición al sol”, comenta Conejo Mir. Es posible detener este proceso tomando las medidas adecuadas, y a veces revertirlo “con ayuda de láseres, medicina antiaging... y, por supuesto tomando, precauciones no sólo al ir a la playa sino también al pasear, ir al campo, hacer deporte...”.


¿De qué protegerse?

La respuesta no es tan obvia como crees –del sol– ya que sus rayos también pueden alcanzar nuestra piel indirectamente cuando se refleja en determinadas superficies. Por ejemplo, ¿sabías que en el agua rebota un 20% de la radiación solar; en la hierba un 10%; en la arena de un 15% a un 25% y en la nieve un ‘‘85%?

Con lo cual, sobre cualquiera de estas superficies, además de la radiación directa del sol, tendremos una ración extra de rayos ultravioletas.
Los días nublados también son un poco tramposos, ya que las nubes no dejan pasar ni el calor ni la luz, pero sí que abren la puerta a los UVA y UVB; los primeros son causantes del envejecimiento cutáneo, los segundos, de las quemaduras solares, y ambos del cáncer de piel.
La mayoría de los protectores solares de última generación, además de prestar atención a nuestra piel y protegerla, escarban un poco más y protegen nuestras células, concretamente su ADN. Según los laboratorios La Roche Posay “los rayos UVA son capaces de dañar indirectamente las células cutáneas a través de los radicales libres. Éstos atacan el ADN celular y causan deficiencias que aceleran el envejecimiento e incluso provocan la aparición de melanomas”. Eulalia Mateu, de laboratorios Avène, explica cómo las cremas mantienen a salvo nuestras células. “Los protectores que llevan sustancias antioxidantes en su composición protegen el núcleo de las células de la acción de los rayos solares. Entre estos ingredientes se encuentran la vitamina C, la E o precursores de éstas”. 


El sol, rayo a rayo


Tener una insolación no es lo mismo que quemarse, y esto último tampoco es igual a fotoenvejecer (piel ajada a causa de un exceso de luz solar). Las tres cosas pueden ir acompañadas, pero cada una de ellas es ‘obra’ de un tipo de radiación concreta. Los rayos infrarrojos (IR) son los responsables de la sensación de calor. Si nuestro sistema de regulación de temperatura corporal se satura por un exceso de IR estaríamos hablando de una insolación, y existiría riesgo de deshidratación. Si pasamos mucho tiempo al sol, sin protección, la piel no tiene tiempo de fabricar melanina para protegerse de los rayos UVB y acabamos por quemarnos. El FPS que aparece en los botes de crema nos indica la protección frente a esta radiación.
Las pequeñas grietas que se hacen en la piel de personas jóvenes, los léntigos (manchas marrones), la falta de elasticidad... son consecuencia directa de la degradación de las fibras de colágeno y elastina de la dermis que provocan los rayos UVA. Según la legislación europea, la protección contra los UVA ha de estar especificada en los botes y debe ser, como mínimo, un tercio de la anterior. Por ejemplo, en un SPF 50 (para UVB) la protección frente a UVA que ese producto aportaría como mínimo sería de 16.6 (50/3) y para un SPF 40, de 13.3 (40/3).
Pero no todo es malo, estos rayos, a parte de dar color a la piel, estimulan la síntesis de vitamina D, disminuyen la presión sanguínea, mejoran la calidad el sueño, ahuyentan la depresión y aceleran la cicatrización de heridas. 



Melanoma: identifícalo

Hay que saber diferenciar entre peca, léntigo,... (son diferentes tipos de lunares) y melanoma para evitar falsas alarmas. Un lunar es una acumulación de células pigmentarias (melanoci‘ ‘tos). Puede ser diferente según la zona del cuerpo en la que esté. Según Conejo-Mir “todos tenemos lunares”. El melanoma es un tumor maligno. Se desarrolla sobre un lunar, pero también puede surgir espontáneamente. Es una agrupación de melanocitos malignos, y la causa principal es la exposición al sol. Según la Academia Española de Dermatología (AEDV) “el diagnóstico precoz permite curar el 100% de los melanomas”. Es muy importante saber localizarlos, así que apréndete el ABCDE del melanoma. Asimetría: a diferencia del lunar el melanoma es asimétrico. Borde: es irregular. Color: no es homogéneo, presenta claroscuros. Diámetro: superior a 6 mm. Evolución: suele ser un lunar que cambia de forma, tamaño, color... Todo esto se puede resumir, según Carlos Guillén, jefe del servicio de dermatología del Instituto Valenciano de Oncología en la “teoría del patito feo. Si miramos la espalda de un paciente con muchos lunares y tiene uno muy diferente al resto éste sería el sospechoso”.


YA ESTAMOS EN JULIO A LAS QUE OS VAIS DE VACACIONES YA SABÉIS SIEMPRE CON PRECAUCIÓN Y A LAS DEMÁS YA QUEDA MENOS PERO YA SABÉIS EL SOL DA COSAS BUENAS , AUNQUE YA SABES CON CABEZA MEJOR.

FELIZ VERANO!!!!!

Gracias por leerme.
¡Un besazo!